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Ingeniero ingenioso



Gaudeamus igitur,
iuvenes dum sumus.
Post iucundam iuventutem,
post molestam senectutem,
nos habebit humus.
Alegrémonos pues,
mientras seamos jóvenes.
Tras la divertida juventud,
tras la incómoda vejez,
nos recibirá la tierra.

Uno da la bienvenida al mundo de los adultos al recién llegado. Le invita, amable, a compartir los derechos y los deberes de la madurez en la convicción de que lo aceptarán orgullosos y motivados. ¡Pero, no!

Llegan los flamantes ingenieros con su título bajo el brazo. Cantan con la sonrisa ámplia el himno universitario al recoger su habilitación de manos de sus maestros y aceptan las felicitaciones, el cariño, el agasajo. Lo celebran con sus amigos, se alegran con sus iguales... pero al llegar a casa...

Al llegar a casa, a esa casa de sus padres que no piensa abandonar, se retirará a su habitación porque está cansado, porque ha quedado y debe dormir un poco para "aguantar la marcha"... Su madre limpia la casa, lava la ropa, hace la comida... Su padre trabaja, ayuda en casa, deja de estudiar su carrera soñada para atender los problemas inmediatos...
- La aspiradora está rota. ¿Hijo, puedes arreglarla?
- ¡No puedo, mamá, tengo cosas que hacer! 
- Hijo, el enchufe no funciona ¿Puedes, mirarmo?
- ¡Joder, no tengo tiempo, compra otro!
- El toallero está desprendido, ¿podrías sujetarlo?
- ¡Si es que lo rompéis todo...!
Y el padre, la madre, el abuelo, los tíos... el celador, el ama de casa, el jubilado, el maestro, el funcionario... se convierten en electricistas, transportistas, fontaneros, informáticos, ingenieros a la fuerza para sacar adelante el día a día de la vida.

Nuestro ingeniero, envanecido de su impecable aplicación de la lógica, satisfecho de sí mismo, aplica una y otra vez su diagrama de flujo. Resultado final de cada proceso: "Sin problemas".

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