Ir al contenido principal

Santa María de Garoña


Allá por el verano de 1970 se organizaron excursiones desde Burgos para visitar la casi terminada central nuclear de Santa María de Garoña. El viaje, para  poderse realizar, tuvo que ser gratis. Mi padre aprovechó la ocasión para llevarme con él a visitar la primera central nuclear de España.
Tenía 12 años. El autobús entró en el verde valle de Tobalina y paró suavemente en el aparcamiento de la central, cerca del río Ebro.
Bajamos y nos condujeron al interior de las instalaciones donde nos explicaron las características y el funcionamiento de las mismas. Quedamos impresionados por la magnitud de los espacios y la enormidad de la vasija, la compeljidad de las tripas y estómagos subterráneos de este ser atómico donde se digería el calor producido por la desintegración de unas barras de uranio exhalando y burbujeando vaporosos eruptos que hacían girar unas gigantescas turbinas. En mi cabeza infantil los equipos y maquinaria se asemejaban la parafernalia tecnológica del Castillo de Fumanchú cuyas películas veíamos a pares en sesión continua del mediodía al anochecer.
Con cierto dolor en la nuca por tanto alzar la cabeza en el recorrido escuchamos las excelencias de la moderna energía nuclear. Nada se nos dijo, evidentemente, de sus posibles peligros y, por si acaso alguno comenzaba a albergar dudas, la visita terminaba con vino, refrescos, bocadillos y picoteo, con lo que todo el mundo acallaba las dudas al tiempo que el hambre y volvía al autobús más contento que unas pascuas convencido de haber sido testigo de la poderosa ingeniería hispana.
Mañana se cumple el periodo de vida de esta central paisana mía. Se valora ahora la posibilidad de prolongar su uso. Si no es así, mañana expirará esta gigantesca y, ya anticuada, maquinaria
radiactiva a la que vi nacer.

Comentarios

  1. Me llama la atención de todos los detalles de los que te acuerdas....yo casi no recuerdo nada de mi niñez.
    Ahhhh! acabo de recordar, pero porque me lo han dicho mis hermanas, que la primera vez que vi un caballo, dije, mira que perro tan grande!!! jajajajaja

    saludos =))))

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy divertida la anécdota del perro grande. No es tan extraño que los niños confundan los tamaños, ellos aplican una lógica implacable con un reducido grupo de conocimientos: regularizan los verbos, extrapolan conocimientos... Recuerdo haber leído que en un estudio hecho en EEUU se comprobó que algunos niños del jardín de infancia confundían el tamaño de una vaca con el de una mosca. Es lógico pues las vacas solo las habían visto en dibujos y éstos eran parecidos a las moscas que se posaban en ellos.
      Y, sí, me acuerdo muy bien de algunas cosas de mi niñez (no tantas como parees sugerir). Aquellas que me impresionaron se quedaron grabadas.
      Saludines.

      Eliminar
    2. Es cierto, también con lo verbos...vi una foto de mi hermana y le pregunté, ¿quién te fotó? jijijiji

      saludines =))))

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Destejiendo el Arco Iris

No sé qué razones impelen a los hombres a despreciar al mago que revela sus trucos, al hechicero que confiesa el secreto de sus pócimas... Un día cayó en mis manos un libro precioso que me atrapó. Lo escribió el magnífico divulgador científico Richard Dawkins para rebatir la amarga opinión del poeta irandés Wiliam Butter Keats que afirmaba que la Ciencia destruye la belleza del misterio.

En el preámbulo aparece este frío y desolado mensaje: "Somos hijos del caos y la estructura profunda del caos es la degradación. En el fondo sólo existe corrupción y la imparable marea del caos. No hay finalidad, hay tan sólo dirección. Esta es la cruda realidad: que tenemos que aceptar si escudriñamos con profundidad y de forma desapasionada el corazón del universo"
Sin embargo Dawkins añade:"El asombro reverencial que la ciencia puede proporcionarnos es una de las más grandes experiencias de la que es capaz la psique humana. Es una profunda pasión estética comparable a la música y l…

Tecnología bélica infantil

No pertenezco a la NRA (Asociación Americana del Rifle), ni comulgo con su ideología, pero comparto con mucha gente el sentido lúdico y la fascinación por esos artilugios que, durante toda su evolución, el hombre ha construido para cazar o defenderse.
La historia (y prehistoria) de la humanidad está firmemente ligada al desarrollo armamentístico.
Probablemente todo empezó con el uso de un hueso o bastón para golpear (el la Biblia lo hizo Caín, y en la película  "2001 una Odisea Espacial" nos lo describe en una bella secuencia visual Stanley Kubrick al inicio del film). Junto a ello el uso de proyectiles aprovisionados entre los objetos de su entorno completarían la primera fase tecnológica de la industria bélica. Llegaría después la más tosca de las técnicas para esculpir en la dureza del sílex un hacha o la punta de una flecha, su posterior refinamiento, la invención de propulsores como el arco, la lanza con sus los lanzadores y la honda; hasta las más elaboradas máquinas…

Una barquita de corcho, un molino eléctrico y el coche de la Barbi.

Muchas veces sorprendo a mi cuñada en medio de una conversación contando a sus interlocutores lo orgullosa que se mostraba mi sobrina (o más bien ella misma) al pasear el primer día tras los Reyes con un flamante coche de la Barbi ¡motorizado! Muchas niñas tenías un coche similar, pero a ninguna se lo habían tuneado con un motor eléctrico acoplado a sus ejes lo que lo hacía único. Mi cuñada lo recuerda a menudo y no duda en ponerme en un pedestal como "el manitas" de la familia. En esos momentos yo, que ni me acordaba, pienso en lo que le puede impresionar a alguien ese pequeño gesto tecnológico de mínima importancia.  Igualmente mi sobrina guarda aún, sobre la repisa de un armario en su recién estrenada casa, un molino de contrachapado también con las aspas motorizadas que realicé junto a ella para un trabajo de tecnología allá cuando cursaba 5º de EP. Que aún lo conserve refleja una pequeña veneración por esta faceta de ingeniero amateur que tiene su tío. Otro de los recu…